La Calle G
Publicado: 26 octubre, 2012 en Agenda, Laberinto Femm, MixturaEtiquetas: geek, La calle G, lgbt
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… Con el Aborto Legal no habrá más, ni menos abortos. Habrá menos madres muertas. El resto es EDUCAR no LEGISLAR.
René Favaloro
No suelo expresarme respecto a cuestiones morales, religiosas o políticas porque creo que son discusiones que no llevan a ningún lado, cada quien tiene sus ideas de cómo deberían ser las cosas y si alguna vez las cambian será porque su propia lógica les llevó a eso, es poco probable que sea porque alguien los convenció de que tenía la razón (por si es necesario, me refiero a personas críticas, no a crédulos capaces de pagar por asegurarse un lugar en el cielo); pero entre amigos y un par de cervezas, un@ termina hablando hasta de los manjares que hacía en su cocinita de juguete a los 5 años.
Yo últimamente ando un poco transgresora, tal vez con una mayor conciencia social y a veces me sorprendo pensando y hablando de cosas que creo que están mal en el mundo. Mi compromiso, mi granito de arena, como algunos ya sabrán, está enfocado en la visibilidad lésbica en el arte y es que cuando alguien pretende decirme cuándo, dónde y delante de quién debo, o no debo, besar a mi novia no tengo reparos en exponer mis ideas. Aunque esta nota no tiene nada que ver con eso, igual tiene un matiz feminista y entra en la categoría de temas que, en principio, son tan personales que nadie, fuera de los involucrados directamente, debería opinar al respecto.
Hace algunas noches participé en una discusión acerca del ABORTO. Alguien decía que un feto es una vida biológica y que el derecho a la vida es un derecho fundamental; que si alguien no quiere un hijo, que lo tenga y lo de en adopción. Luego de eso, en mi cabeza gira un gran signo de interrogación encerrando varias preguntas,
¿Y mi derecho fundamental a la libertad?, ¿Por qué prima el derecho de un algo que ni siquiera ha salido al mundo sobre mi libertad de decidir respecto a mi cuerpo?
Los que piensan así, ¿saben lo que se siente ser presa de las hormonas durante meses? ¿Que tu cuerpo experimente tantos cambios?, ¿aguantarse las nauseas, los cambios de humor, las constantes ganas de ir al baño, etc.?, todo ello sin la ilusión y la felicidad que deben experimentar las que sí quieren tener un/a bebé.
¿Han sentido el conflicto interno que debe suponer saber que, en algún lugar, hay “una parte de ti” tal vez, preguntándose por qué lQ abandonaste?
A mucho riesgo de ser sexista, ¿debería un hombre tener derecho a opinar sobre el aborto?, ¿Será posible que pueda comprender realmente lo que puede significar un estado de embarazo y los riesgos de enfermedad mental que supone pasarlo durante 9 meses sin desearlo en lo absoluto?
¿Tienen claro que reproducirse es una opción, no una función? #CatalinaPorDios
En fin, tantas preguntas y tantas discusiones, mientras que el aborto está muy arriba en la lista de las causas de mortalidad materna en Colombia; el 50% de los embarazos son no deseados, de los cuales, el 24% termina en abortos inducidos y, de esos abortos voluntarios, el 27% es realizado por mujeres de los estratos socio-económicos más bajos que, en su mayoría, se practican en ambientes inseguros e insalubres aumentando los riesgos propios de éstos procedimientos. Así que en realidad, el aborto hace mucho dejó de ser un tema moral, es un problema de salud pública, por lo que lo importante es educar, no legislar.
Antojo
Publicado: 22 agosto, 2012 en Laberinto Femm, PoesíaEtiquetas: amor, Angie Blue, poesía, susurros
Tengo ganas de besarte,
de esos,
tus besos que nos inmortalizan,
que revelan secretos ante nuestros ojos cerrados
y aseguran que,
en cualquier futuro posible,
lo inmutable son ellos,
tus besos.
Tengo ganas de leerte;
idearte historias,
amores;
inventarte mundos,
infiltrarme en tus sueños
como princesa, como heroína, como amante;
como paisaje.
Tengo ganas de susurrarte,
¡ya amaneció amor!,
¡la comida está lista!,
¡te amo!,
cualquier palabra,
excusas
para acercarme,
curiosearte,
respirarte;
que estremezcas
y sonrías
… Y yo adorarte por ello.
Recap Laberinto de Palabras
Publicado: 20 agosto, 2012 en AgendaEtiquetas: Angie Blue, La Magdalena, Lunabril
By @_AngieBlue
Videos, letras, fotografías, música, risas, magia, poesía, pétalos, vodka, tequila… Una noche encantadora.
Gracias a mi compañera de organización y presentadora del evento Gi Pieszecky. A los poetas participantes Alberto Cortés, Billie Jean, Deisy Julio, Leonel Ortiz, Nina Diamond. A los cantantes René Mazzilli, Lady Camargo, Shirley Cano y los participantes del grupo La Magdalena.
A Rafael Henriquez por su apoyo logístico.
A Lunabril por prestarnos el espacio y apoyar la iniciativa y el talento de los artistas locales.
Finalmente, gracias a todos los asistentes, ojalá hayan disfrutado del evento tanto como nosotras disfrutamos organizarlo. Los esperamos en una próxima ocasión.
Para los recuerdos…
Laberinto de Palabras
Publicado: 14 agosto, 2012 en AgendaEtiquetas: Angie Blue, Eventos, La Magdalena, Laberinto de Palabras, Lunabril
¿Qué?: Una noche de cuentos, poesías, música en vivo, videos.
¿Dónde?: Lunabril libro.arte.café.bar Cra. 49 # 74-44 Barranquilla, Colombia
¿Cuándo?: 7:00 p.m. del Sábado 18 de Agosto de 2012.
Únete al evento en Facebook y conoce a los escritores y músicos que participarán en este Laberinto de Palabras.
Rapsodas:
Alberto Cortés
Angie Blue
Billie Jean
Deisy Julio
Leonel Ortiz
Nina Diamond
Rafael Henriquez
Presentadora:
Gi Pieszecky
Videos:
Baladas
Rock
Trova
90′s
Música:
La Magdalena
René Mazzilli
La Magdalena está elaborando el video-clip del tema: HAGAMOS TEMBLAR!
Tu contribución les ayudará a sufragar gastos el día de rodaje. Más información aquí.
“Ya ni el futuro es como antes”
Dicen que cuando empezamos a pensar aquello de que “todo tiempo pasado fue mejor” es porque ya estamos viej@s. Yo lo he pensado, tal vez hasta lo he dicho; supongo que estar viej@ tan cerca de los 30 es relativo. Hay cosas que extraño/admiro del pasado, la ideología de los 60’s, la música de los 70’s, la locura de los 80’s, los programas de televisión de los 90’s. Recuerdo crecer corriendo hasta para ir a la tienda, molestar a las vecinas cuando las bolas pegaban contra sus ventanas (o partían algún vidrio), cocinar arroz sobre una checa en un “fogón” que consistía en una vela dentro de un hueco en la tierra. Recuerdo que en mi infancia las historias eran sobre magia, fantasía, el bien contra el mal y los buenos no se ensuciaban las manos, eran historias que invitaban a soñar, a hacer lo correcto. Otra forma de añorar el pasado es cuando me quejo de la música de hoy en día, de las ideas de los adolescentes, de películas como Crepúsculo y Los Juegos del Hambre.
Hace unos días hablaba con mi mamá y me contaba de cuando tenía que caminar muchas cuadras y pagar por ver las novelas que transmitían los canales nacionales porque en su casa no había televisión, tampoco había nevera, al parecer en aquella época esos lujos no eran para los estratos bajos. Yo pensé en mi infancia, en los televisores sin control remoto que hacían todo el ruido del mundo al cambiar de canal, en los VHS, en los Walkman (¿walkmen?), en los Game Boys, en los buses con torniquete, en las máquinas de escribir, en fin, en todas esas cosas que tanto han progresado desde entonces y creo que mi generación ha salido premiada, que vivimos lo mejor de ambos mundos, crecimos sin la prisión de los video juegos o la televisión por cable, así que pudimos vivir lo divertido que es jugar al escondido, manejar bicicleta, treparnos en los árboles (todas, cosas que seguro resienten aún nuestras rodillas). Pero también vivimos y entendemos el mundo tan diferente que nos ha legado el boom de la tecnología, la era de la información, fronteras cada vez más accesibles.
Sí, a veces añoro el pasado, creo que el mundo de hoy enseña a valorar las cosas equivocadas y que estamos tan sumidos en él que no nos damos cuenta o no nos importa, pero no vivo en el pasado, me siento muy cómoda y feliz en el hoy, donde tengo la “libertad” de caminar con mi novia agarradas de la mano, puedo leer a autores que antes no habría conocido, es más fácil viajar y conocer lo que otras culturas y otros lugares tienen para enseñar; el mundo de hoy (como siempre, supongo) puede ser maravilloso y yo lo disfruto día a día, entre los tantos proyectos que se me ocurren, las peleas con mi sobrino, las series que devoro, los ratos con mis amigos, el amor de esa chica bonita que se ha convertido en mi hogar (aunque un día antes de mi cumple no sepa aún qué regalarme); todas esas cosas, me hacen sentir que éstos 28 años han valido la pena, soy una personita bastante afortunada.
También hoy está de cumpleaños Laberinto Baq, hace un año que publiqué la primera entrada, gracias a quienes han acompañado cada post desde entonces, o por lo menos alguno; gracias incluso a aquellos que llegaron buscando en Google cosas como “masturbarse causa infertilidad”, “manzana oculta su tristeza con papel” ,“como salen los pelos de pene”, “imagenes de geys abrazados con camisa verde”, “angie esto es guerra”, “zebra estarcido”, “heridas en el pene por la masturbación”, “muñeca sin ojos y destrozada”, “gordita durmiendo”
¡Son muy bonitos todos ustedes!… aunque un tanto pervertidos algunos.
Este año no haré una lista de regalos, ni de deseos… simplemente les dejaré por aquí cosas que he aprendido, que voy teniendo claras:
1* Que el queso costeño debería estar entre los mejores del mundo.
2* Que pocas cosas te hacen sentir tan vivo como saltar por ahí bajo la lluvia… O bueno, cantar en la ducha.
3* Que en el amor, jamás debes conformarte.
4* Que la melancolía no siempre es mala.
5* Que siempre debería haber un niño en nuestras vidas.
6* Que el chico de Thor no debería interpretar ningún otro personaje.
7* Que How I Met Your Mother debió acabar hace un par de temporadas.
8* Que el sarcasmo es divertido.
9* Que ser colombiano no es tan malo… es decir, pudo ser peor.
10* Que la televisión nacional apesta.
11* Que los gorros me quedan bonitos.
12* Que la comida de mamá es la más rica.
13* Que cuando el estrés se apodera del día, quitarse los zapatos siempre ayuda.
14* Que las matemáticas son geniales.
15* También lo es repetirse series.
16* Que el vodka es más divertido que el vino.
17* Que a veces sólo una palabra puede cambiar el curso de las cosas.
18* Que ni el cielo de Octubre inspira más que perder a alguien que amas.
19* Que Wilde tenía razón y lo mejor de la vida es ilegal, inmoral o engorda.
20* Que uno sí se puede enamorar todos los días de la misma persona.
21* Que las cosas no cambian, solo nuestra forma de verlas.
22* Que prolegómenos significa, consideraciones introductorias o preliminares en una ciencia o tratado.
23* Que las empanadas NO deben llevar arroz… No, no lo supero!
24* Que “solo” debería seguir llevando tilde.
25* Que el problema del insomnio es no tener nada sexual para ocuparlo.
26* Que no debería tomarme muy en serio
27* … ustedes tampoco.
28*… And the music.
By Angie Blue
A veces no te entiendo,
como en esos momentos en los que planeas durante todo el día decirme algo
y lo haces en el momento más inadecuado.
O esa torpeza ante la necesidad de mentir,
que contrasta con la sagacidad y el negro de tu humor.
O cuando te embriagas con una cerveza,
pero puedes tomar ginebra y estar sobria al final de la botella.
A veces no te entiendo amor,
pero me seduce esa incomprensión,
la ilusoria antítesis,
lo hermosa que sabes ponerte justo antes de
proyectar en mi cuerpo tu desnudez.
Puede que incluso sea la mayoría del tiempo la que no te entiendo,
pero llenas todos los vacíos en las horas de trabajo,
sugieres los caminos, las pausas y el sentido de mis insomnios,
conquistas mis historias cuando confieso
que no hay mejor aventura que extraviarme entre tus curvas.
Y tú, abstraída en mi sonrisa,
a veces no me entiendes,
pero las marcas en tu piel,
están firmadas con el azul de mi nombre.
Orgullo Gay
Publicado: 4 julio, 2012 en Laberinto Femm, OpiniónEtiquetas: amor, diversidad, educación, lesbiana, LGBTI, Orgullo
By Angie Blue
El domingo se celebró el Orgullo Gay en varios lugares del mundo. Particularmente nunca he asistido a alguno de los eventos que se organizan por esta celebración. Vi la marcha de Bogotá un rato por tv y, mientras lo hacía, pensaba que al parecer televisaban a los personajes más pintorescos y que aún siendo parte de la comunidad LGBTI hay muchísimas cosas a las que no es fácil acostumbrarse, y es precisamente por eso que son importantes éstas marchas, para que la sociedad, incluso muchos de nosotros mismos, seamos cada vez más conscientes de que somos parte de ella… con todo y las excentricidades.
También el domingo se me ocurrió preguntarle a mi novia qué haría ella si en algún lugar nos llamaran la atención por besarnos; ella respondió que eso sería una violación a derechos tan fundamentales y básicos que precisamente por eso no podría suponer cómo reaccionaría. Siendo sincera tampoco yo sé qué haría.
Unas horas después, una de las personas más importantes para mí nos reprendió por nuestras muestras de afecto delante de su hijo. No sé qué pensó o sintió ella, sé que estuvo cohibida después de eso. Por mi parte, me sentí dolida, ofendida y claro, me puse a la defensiva; pero ante mi refuta me encontré con algunas frases como: “es un niño, no está en la edad” “seguro delante de tus sobrinos te comportas diferentes”, “mejor no volvemos a salir con él”.
Yo sé que cada quien es libre de educar a sus hijos según su preferencia, también sé que de educar niños probablemente no tengo ni idea, pero me pregunto, ¿a qué edad es prudente explicarle a los niños las diferencias?, ¿es malo que un chico vea que dos personas se aman y se hacen felices sólo porque son del mismo sexo?, ¿no es lo mejor explicarles la diversidad antes de que sigan aprendiendo los prejuicios del mundo, como lo hacen para explicarles por qué hay blancos, negros, mestizos… rolos?
Hace algunos años entendí que me gustan las mujeres. Mis amigos más cercanos, y algunos no tan cercanos, lo saben; también algunos compañeros de trabajo. Casi nunca hablo de mis relaciones, pero cuando lo hago trato de no andar con ambigüedades; incluso, a mi manera, me esfuerzo por lograr visibilidad, pero aún no he sido capaz de sincerarme con mi familia (claro que tiene un poco que ver con que en mi familia no reina precisamente la comunicación), temo a la reacción de mis padres, a la posibilidad de que mis hermanos me alejen de los diablillos hermosos que tengo por sobrinos y ante ese riesgo, dudaba de si valía la pena. Pero este fin de semana perdí la inseguridad, creo que el cambio empieza por cada uno y, por lo menos yo, NO dejaré que otros me digan cuándo puedo besar a mi novia y quien quiera ser parte de mi vida debe tenerlo claro.
¡¡¡Feliz día del Orgullo!!!… porque debería ser todos los días.
By Kepaty
(@Kepaty)
Para la celebración del día de las madres, un centro comercial en decadencia organizó un fashion shows con mamás convertidas en súper modelos. El gancho era que maquillaban y les arreglaban el cabello a las participantes y como obsequio un bono de $100.000. A mi hermana le preguntaron si conocía madres interesadas en participar en ese evento, ella pensó en mi mamá y me preguntó si a mí me interesaba. Yo, que ando en una racha en la que el dinero no abunda y dadas mis dotes de diva frustrada me apunté de una, solo que debía decir que era madre.
Entrando entonces en ese nuevo mundo de la maternidad, nos fuimos mi madre y yo al punto de encuentro del evento, todo parecía tranquilo hasta que me di cuenta que pasaría todo un día con unos seres que se me hacen absolutamente de otro mundo: las madres.
En mi día a día claro que me relaciono con muchas mujeres que son madres, pero están en modo compañeras de trabajo, amigas, señora del aseo, jefa o primas. Es decir nos relacionamos e interactuamos en universos iguales, que si supiste que Juanita le puso los cachos al novio, que dónde está el reporte que te pedí hace dos días, que si vi unos zapatos espectaculares en Buenavista, que si me voy a ir de vacaciones pronto… conversaciones vacías, intensas, regulares, aburridoras, entretenidas pero sobre todo no son sobre el oficio de ser mamá.
Pero esto ha sido diferente, no hay una sola cosa sobre la que pueda opinar sin poner de manifiesto mi ignorancia y la mentira. Esto es sobre hijos, trasnochos, estrías, colegios, travesuras. Nadie habla de que hoy cumple Diomedes Díaz y hay rumba en su honor en Trucupey o de que pronto vienen los conciertos de Vilma Palma y el de Calle 13, o del maldito jefe con el que tienen la miseria de trabajar, o de que ya se acabó el mes de gimnasio y solo fueron 10 días.
Estoy perdida en una dimensión en la que no me he decidido a entrar, amo a mi perra y le atribuyo sentimientos y actos humanos, me desvivo por mis sobrinos, me encantan los mamíferos cachorros, veo publicidad de bebés y digo aaaw que cosa más mosha (si así con esa voz), fui madrastra de una hermosa criatura de dos años y siento en ocasiones el deseo de despertar el día de navidad con un niño emocionado por abrir los regalos que hay debajo del árbol, pero nada de eso hace que a mis 29 años vea cercana la posibilidad de alojar una criatura en mi panza liposuccionada.
Pienso en todos los contras, en que aún el dinero no me alcanza, en que no sería capaz de criar a un hijo con un trabajo tan agotador, en que aún no me he ido del país, en que hace apenas un año me operé las tetas y que me falta la nariz, en que este mundo es una mierda, en que no soportaría que mi hijo me culpara secretamente por sus fracasos como todos hacemos con nuestros padres, que no quiero que use drogas o escuche música diabólica (reggaetón) o que se peine raro y se tome fotos frente al espejo del baño o que se vuelva Emo o Uribista, que no le guste leer, que prefiera ver novelas RCN o Caracol antes que series gringas… en fin, todos los temores que alberga mi sofocado corazón están aplazando indefinidamente el adentrarme al mundo de la maternidad.
Muchos me dicen que debo apresurarme porque me estoy haciendo vieja y entre más tiempo pase más duro va a ser lidiar con los malestares matutinos, la hinchazón, los gases, el estreñimiento y los males del colon… si claro, eso suena delicioso.
Yo por lo pronto voy a apartar cita con el médico para colocarme un dispositivo para la anticoncepción de esos que duran de 3 a 5 años, así que los 30 me sorprenderán con las tetas en su puesto, rockeando las mismas canciones de los 80′s y llorando porque me estoy haciendo vieja, pero no estaré sintiendo el amor más real y honesto que alcanza el ser humano y lo sé no porque me lo han dicho, lo sé por los inigualables gestos de amor que mi madre ha tenido conmigo y mis hermanos cada día.
Me voy, en pocos minutos comienza mi desfile, todas estas señoras me miran y cuestionan por qué mi cintura es tan pequeña y parezco de menor edad, yo seguiré diciendo que ese es el resultado de tomar semen en ayunas.
Flechas Cortas
Publicado: 7 mayo, 2012 en Laberinto Femm, MixturaEtiquetas: amor, Cupido, desamor., Despedidas, finales, Marwan

“A veces las flechas de Cupido son cortas”, me dijiste mientras me envolvías en un abrazo que no merecía.
Un momento después, tu carita pintada con una sonrisa de desilusión me decía adiós.
Recuerdo verte alejarte y sentir el corazón expuesto… y el peligro al acecho.
Recuerdo sentir que todas las palabras que dejé escapar me dolieron más que tus pellizcos.
Recuerdo la pesadez del aire cubrirme en la sal de tus lágrimas,
el ¡te lo dije! de mi subconsciente
y la tristeza de saberte lastimada.
Recuerdo que Luna, en reproche, migró al otro lado del cielo donde ya no pudiera verla desde mi ventana.
Pero recuerdo también que las risas, las miradas, los momentos se acomodaron en las memorias favoritas.
Recuerdo entender que el amor es eterno mientras dura y no es menos hermoso porque sea un instante;
Recuerdo comprender que un beso que te echa los ojos hacia atrás nunca es un error,
que la complicidad ganada ya no se pierde
y que la magia sigue intacta en las nostalgias.
Recuerdo confirmar que las amazonas no están extintas y que las damas… no necesariamente llevan vestidos elegantes.
By Andrea Garcia
Sucede que ya no corro, me quedé aquí, paralizada, descansando un poco del afán que sobrevenía con el día a día. Dejé la prisa, la angustia, el agotamiento que llenaba las noches de dolores musculares, jaquecas insoportables e intensas de ganas de morir.
Sucede que me tomé un minuto para respirar. Y respiré con ganas pero nada sucedió, dibujaba en mi mente una renovación profunda de mi ser y de mi existir, fue solo un deseo. Pero no me rendí, volví a respirar, profundo, como queriendo absorber todo el aire de ese espacio, espacio verde que me rodeaba, sin humo, sin ruidos, sin deseos de suicidios respirables por el caos que genera vivir atrapada en el contaminante exterior de la injusticia humana; y lo logré, respiré la calma, la tranquilidad, el silencio, la pureza, y juntos se adentraron en mi ser, limpiaron toda contaminación interna y al sacar la basura una sonrisa se apropió de mi rostro; pude renacer.
Dejé el mundo atrás o él me dejó a mi, quizás, aún no lo sé bien, comienzo a habituarme a esta nueva vida y aunque son tantas las noticias cada segundo, ya no estoy atenta a escuchar cómo el mundo se derrumba poco a poco, porque eso lo sabemos bien y aún así nos dejamos arrastrar.
Solo hasta ahora me pierdo en el tiempo, contemplando la salida del sol y su ocaso, también pierdo mi mirada en la luna, las estrellas o en las gotitas de lluvia que en ocasiones adornan el amanecer; mis oídos se endulzan con el cantar de parajitos, mi olfato navega en el olor del pasto fresco y mis ojos se pierden en la belleza de ese paisaje que no se ha dejado destruir… Huí! Salí corriendo, despavorida, de esa selva de cemento terrorífica, corrí, con prisa corrí y sucede, solo ahora sucede que me siento viva y soy feliz, simplemente pude renacer.
Xenite
Publicado: 20 abril, 2012 en Cuentos, Laberinto FemmEtiquetas: Fantasía, Luna, miky, origen, xenite
By Angie Blue
@_AngieBlue
- Nunca vi a Luna brillar más bonito que esta noche en el reflejo de tus ojos.
Las palabras se escucharon distantes, como si la realidad atravesara una bruma viscosa antes de alcanzarme.
- Sí, ya lo sé, esa debe ser una frase cliché. Continuó Alejandra.
Mi mirada confundida divisó su semblante enrojecido; con su media sonrisa, extendió la mano y me entregó un dibujo; lo miré largo tiempo, o tal vez muy poco, no lo sé, el tiempo nunca antes estuvo tan relativo, pero fue el tiempo suficiente para silenciar mi inquietud. Me senté en la base del árbol algunas canciones atrás, buscaba escapar de la presteza de la ciudad, de las miradas inertes, de las ideas mainstream, y en algún momento entre A Beatiful Mess y Architecture of Lies, terminé temiendo que un día Luna nos abandonara, que escapara de la gravedad terrestre y se fuese a pasear por el universo; como si pudiera leer mis pensamientos, Alejandra dibujó una pequeña niña abrazando la luna; yo sentí el abrazo y lo supe, todo estaría bien, si Luna quería irse, tendría que llevarme con ella porque nunca la soltaría.
Para cuando salí del pensamiento egoísta, la descubrí sentada a mi lado, la calidez de su cercanía había convertido el frío en una memoria lejana y sus cabellos perfumaron el aire con un suave olor a chocolate; como siempre miré sus labios, bañados de luz opaca, tan perfectos, tan besables, yo sentía que absorbían todo el aire de mis venas, que resumían cada poema, que emanaban alucinógenos a quienes tuviéramos la osadía de contemplarlos. Los vi moverse para dejar salir palabras de un sonido tan delicado como las hojas que sostenía en sus manos,
- ¿por qué verde?, me preguntó.
Clorofila. Alimento. Respirar. Mi cerebro desempolvaba la respuesta teórica. Subí mi mirada hasta sus ojos y por primera vez no la aparté, descubrí galaxias enteras en ese café oscuro, y me escuché responderle:
- Porque nacieron de las lágrimas de Lilith, la primera mujer, quien tomó sus ojos del lugar donde se unen el azul del cielo y el amarillo del sol, donde nace el arcoíris y se esconden las respuestas.
- Cuéntame más, me dijo con una mirada infantil que derritió cualquier tristeza.
Apoyó su cabeza en mi hombro y yo temía que, con la proximidad escuchara el estruendo que dejaba mi corazón mientras se abría paso entre mi pecho para acomodarse en sus manos. Ya no había vuelta atrás, ella era todos los lugares que quería visitar, todos los libros que quería releer, todos los atardeceres que faltaban por dibujar; ella quería una historia y yo la idearía para ella.
- Lilith robó un trozo del arcoíris; con el rojo pintó sus labios y desde entonces, las frutas tomaron su color cuando ella las comía; emocionada, empezó a besar flores para hacerse un vestido que realzara el blanco de su piel. Con las últimas chispas rojizas, Lilith tiñó el fluido que corría por sus venas hasta que alcanzó su corazón y allí, en el brillo rojo de su pecho al ver las noches estrelladas, nació el amor;
Con el naranja, salpicó los atardeceres, y en aquel instante nació la idea de tiempo; las mariposas, envidiosas de las flores y las frutas, se posaron en las manos anaranjadas de Lilith y desde entonces vuelan presuntuosas y perfectas en sus gamas coloridas.
El amarillo lo usó para decorar las plumas de las aves y los pétalos de los girasoles como homenaje al viaje que diariamente emprendían para seguir al Sol; se le cayó un poco mientras, de traviesa, robaba miel a las abejas. Hiperactiva del dulce de la miel, corrió por todos lados con su amigo leoncillo, manchando su piel y toda la arena que levantaban a sus pasos.
Lilith pensó que el verde hacía juego con su cabellera negra y entonces lo usó para sus ojos; lloró de ternura al ver su reflejo sobre el agua del lago y sus lágrimas verdes dieron color a la grama a su alrededor y el aire, seducido, las extendió por toda la Tierra para poder verlas donde quiera que fuese.
El azul lo usó para matizar la inmensidad del mar, para que fuese un reflejo del cielo; la melancolía que había estado inmutable, pero atenta a todos los movimientos de Lilith, ya no pudo resistir, se enamoró de la belleza del océano y cantó el primer blues.
En un descuido de Lilith, la fantasía se adueñó del morado y lo usó para estimular la imaginación, para resaltar las colas de las sirenas y para elogiar la magia.
Cuando el mundo estuvo colorido, Lilith bailó días enteros y Luna, que paseaba cerca sintió curiosidad, quiso admirar tanta belleza de cerca y se acercó tanto, que Tierra sintió la tibieza de su cercanía y ya no pudo dejarla escapar, la atracción fue inevitable.
Así Lilith moldeó el mundo como lo conocemos hoy, y su recuerdo da forma a nuestras pasiones.
- Esa será mi historia favorita desde ahora… pero Lilith es pelirroja, lo sabes, cierto? Me dijo Alejandra en un tono juguetón.
- Es mi historia, y a mí me gustan las morenas.
Su media sonrisa afloró nuevamente, sacó un bombón de su bolso, lo dejó en mis manos, me dio un beso en la mejilla y se fue detrás de una ardilla.
Yo la observé alejarse mientras el aire susurraba en mis oídos:
…No hay nostalgia peor que añorar lo que nunca jamás sucedió.
Todo Empieza y Todo Acaba En Ti.
Publicado: 17 abril, 2012 en Música, OpiniónEtiquetas: Ismael Serrano
By Angie Blue
@_AngieBlue
Durante los últimos meses, el cantautor español Ismael Serrano, ha mantenido a sus fans al tanto de los avances de su próximo disco titulado Todo Empieza y Todo Acaba En Ti. De a pedacitos nos ha mantenido curios@s, algunos videos del Making Of, notas en su blog con información de las colaboraciones, los lugares en los que estuvo trabajando, poemas con ésta hermosa frase que da título al álbum y al primer sencillo que empezó a promocionarse el día de ayer. La espera se ha visto recompensada, Ismael nos regala una letra hermosa, con mucho sentimiento y entrega; el sonido es un tanto diferente a lo que nos tiene acostumbrad@s, pero mientras se escucha, el corazón se agranda, llenándose de aquello que interpretemos, ya sea ilusión, nostalgia, enamoramiento…
Les dejo el video y la letra de la canción. Espero que les guste tanto como me ha gustado a mí. Finalizo la entrada con unas palabras publicadas por Ismael en su perfil de Facebook.
Todo empieza y todo acaba en ti
No voy a pedir perdón
por descubrir en ti la luz de mis latidos.
No he de pedir permiso
para adorar tu rostro dulce y ferozmente.
La gente nada sabe del amor
si no se reconoce en nuestros pasos.
Y al lado de la cama, más bien al pie,
espero a que esta aurora te despierte.
Que no espere mis disculpas, corazón,
Todo empieza y todo acaba en ti.
Y no te asustes mi amor,
si mi voz suena algo seria y definitiva.
La vida es una y una es la respuesta,
mi piel se quema sin tu suave sombra.
Te nombran las ciudades que pisé
y en cada esquina encuentro tu acertijo.
Si vivo fue porque siempre esperé
para entregarte mi pecho desnudo.
El futuro me ha nombrado con tu voz,
en ti todo encuentra una razón.
Todo comienza en ti:
el resto de mi vida y la razón
de abrir cada ventana, la canción
que resuelve mis dudas, mi delirio y mi cura.
Y todo acaba en ti:
los besos, cada fiesta, la raíz
que bebe mis dolores, mi febril
costumbre de buscarte,
mis días y esta hambre de ti
de ti,
de ti,
de ti.
No voy a pedir perdón
por entregarme en cuerpo y alma a tus pecados.
Cansado de los subterfugios,
me sumo a tu motín sin ataduras.
Que envidien mi locura, corazón,
tú eres mi hogar y afuera me muero de frio.
Elijo regalarte mi canción
porque apareces en todos mis planes.
Me alumbraste, y he renacido, creo en mí,
todo en tu figura, halla su fin.
Todo comienza en ti
el resto de mi vida y la razón
de abrir cada ventana, la canción
que resuelve mis dudas, mi delirio y mi cura.
Y Todo acaba en ti,
los besos, cada fiesta, la raíz
que bebe mis dolores, mi febril
costumbre de buscarte,
mis días y este hambre de ti,
de ti,
de ti,
de ti.
By Ismael Serrano
Esta es la canción que abre mi nuevo trabajo. Un trabajo intenso y emocionante en el que, como dice la canción, renacido, creo en mi.
Creo que en este disco están todas mis referencias. Desde los cantautores tradicionales (Serrat, Silvio, Sabina) hasta los más contemporáneos (Damien Rice, Glen Hansard). Quizá esta canción se acerca más a estos últimos. Las canciones crecen, se abren y se encogen, como el pecho en la risa o en el llanto.
La verdad es que estoy emocionado leyendo los primeros comentarios suscitados por el estreno. Y nervioso, porque ahora la piel de esta nueva criatura queda expuesta al frío de la intemperie y sus arañazos. Pero también a las caricias.
Será difícil que encontréis esta canción en las radios convencionales musicales. Estas han decidido que los cantautores no caben en su fórmula radiofónica. Al parecer despistan. O exigen demasiada concentración. Qué se yo. Así están las cosas.
El caso es que su difusión depende de vosotros. Así que gracias de antemano por el apoyo.
En “Todo empieza y todo acaba en ti” escucharéis las olas de las playas de Imbassaí donde Robinson encontró aquellas huellas que le salvaron la vida. Un bandoneón lamentando tanta distancia. Charangos que bailan entre los ritmos colombianos y la murga que celebra tu llegada. Cuerdas meciendo mi guitarra para hacer más llevadera la espera. Homenajes a los movimientos ciudadanos que, indignados, exigen un cambio en la sensibilidad política. Las voces de un coro de niños de un Conservatorio de Ramallah, en Palestina y el canto de su pueblo. Guitarras eléctricas maldiciendo la suerte de tantas Evas que sueñan con ser Lilith. Y canciones recuperadas, salvadas del corredor de la muerte, allá donde condenamos el recuerdo de los que antes compartieron contigo los delirios de la carne.
Todo esto y un buen pedazo de mi corazón. Palpitante. Incandescente como una brasa olvidada.
En fin. Qué nervios. Ya ves, qué tontería. Cómo si fuera la primera vez. ¡Diablos, lo parece!
Espero estar a la altura de las expectativas, si las hubiera. Gracias mil y otros tantos abrazos.
By Angie Blue
@_AngieBlue
Nada más que tu piel en esta lluvia de Abril,
las gotas de Luna sobre tu espalda,
las maravillas escondidas en tus ocurrencias
y Venus que nos hechiza hasta perder la cordura.
Nada más que tu cuerpo para colorear mis sueños,
los mordiscos de susurros en la oreja,
los labios desvelando verdades con cada beso
y la estrella fugaz que reposa en tus ojos cuando me miran.
Nada más que tu sonrisa cortejando mis ansias,
la sombra en la pared que revela tu figura,
tu rostro camaleónico decorando mis pupilas
y la sinfonía de las olas del mar escondida en tus suspiros.
Nada más que tu ternura besando mi mente,
el sabor a vodka del espacio entre tus senos,
el cabello borrando mis huellas grabadas en tu cuello
y el “te amo” floreciendo entre nuestros cuerpos.
Estoy escribiendo un nuevo relato, uno que empieza: “A pesar del retraso del tren y de otras adversidades, la chica del cabello negro llegó puntual a la cita”. La verdad no se que sigue, ni de que se trata el encuentro. Solo se me ocurre que el personaje principal se llama Ariadna, ¿Por qué este nombre?, pues alguna vez me llamé así para alguien, no hay otro argumento más valedero que ese.
Por otra parte, no tengo claro si en verdad quiero que esta historia sea la historia de otra mujer o un episodio de la mía. De todas formas me alegra estar aquí frente al PC tecleando sin parar, eso es un indicio de que puedo estar venciendo la sequía creativa que me acontece desde hace meses. Leer el resto de esta entrada »
A muchas mujeres de generaciones anteriores se les educó para la vida privada, para ser la que cuida de la casa y la familia. Las cosas están cambiando, aunque tímidamente, para las generaciones más jóvenes y a eso es a lo que haremos homenaje en este evento, ya la mujeres no tenemos que escondernos detrás de seudónimos masculinos, ahora podemos ser reconocidas por nuestras habilidades, nuestro arte, nuestra diversidad.
Acompáñanos en este homenaje a la mujer. Nuestras debilidades, fortalezas, pasiones, sueños, ilusiones, miedos, todo aquello que nos envuelve y nos define como personas diversas en razas, pensamientos, vivencias, etc., todo visto desde nuestros ojos.
Viernes 30 de Marzo de 2012, 8:00 p.m. Cra. 49 # 74 – 44, Lunabril libro.arte.café.bar.
By Angie Blue
@_AngieBlue
A veces soy buena con las palabras, sólo a veces,
por eso callo cuando te confundo con la luna,
cuando no encuentro lugar en mi cama,
cuando mi insomnio es el fantasma del sonido que llegaste a ser,
cuando mis labios te ruegan un beso en la distancia.
A veces soy buena con las palabras, sólo a veces,
por eso me guardo las flores marchitas en el reflejo de tu nombre,
le escondo el estómago a las mariposas amarillas de tu voz,
me trago el sabor amargo del vacío de tus abrazos
y le entrego al mar los atardeceres que se nos han escapado.
A veces soy buena con las palabras, sólo a veces,
por eso callo las historias del universo escondido entre tus senos,
los chistes que me contaban tus lunares,
las aventuras en los bosques turísticos de tus cabellos
y las caricias que se deshacen en mis manos.
A veces soy buena con las palabras, sólo a veces,
otras tantas me estrangulan en nostalgia,
me disuelven la cordura,
me esconden los sueños en la parte de atrás de tu adiós
y me desvanecen la acústica del “interminablemente en ti”.
A veces soy buena con las palabras, sólo a veces,
otras tantas la noche se va demasiado pronto,
la lluvia no suena en el tejado,
el día no trae besos furtivos entre la multitud
y tu vieja foto me sigue a todos lados oculta en la billetera.
By Angie Blue (@_AngieBlue)
Aquellos que me conocen saben que cuando algo me gusta, me obsesiono, soy impaciente y se vuelve tan importante para mí como trabajar, tener amigos y todas esas cosas que, se supone, necesita un ser humano para su realización. Recuerdo que prefería pelear con María todos los sábados por correr a casa a ver Roswell que esperar y ver la repetición del capítulo. Desde la cuarta película de Harry Potter las he visto el mismo día del estreno porque para mí es inconcebible esperar siquiera un día más del que tengo qué. Tengo las 7 temporadas de Buffy y las veo seguido porque no supero que se haya acabado, la temporada 8 solo la he leído una vez, pero es que no soy muy amante de los comics. Uno de mis libros favoritos se llama La Vida Exagerada de Martin Romaña y es larguísimo, pero yo lo he leído 3 veces. En fin, los casos que podría citar donde se deja ver mi obsesión por las cosas que me gustan y su importancia para mí son muchísimos. Kelly es un poco como yo, Adry siempre me ha entendido y Tea, pues ella nunca juzga a nadie, pero fuera de ellas creo que nadie me entiende en esas cosas, muchos me llaman rara hasta me compararon con Sheldon hace poco (nada más lejos de ser cierto, pero bien recibido el halago).
Una de las cosas más de chicas que tengo es que me encantan las comedias románticas, como ya saben también me gustan las mujeres, así que ¿adivinen qué pasó hace un par de años que descubrí las comedias románticas lésbicas?, sí, me obsesioné, me vi cuanta película con final feliz descubrí que existía, luego web series y recopilaciones, en Marzo me encontré con el libro The Blind Side Of Love y me gustó tanto que me lo leí en dos noches y menos de un mes después ya lo estaba leyendo otra vez, últimamente mi obsesión son los blogs y los fanfics.
Para aquellos que me dicen que soy muy lesbiana, pues no, solo soy lesbiana, pero así soy yo, extremista, obsesiva y maniática, en casi todas mis conversaciones hago referencias a series que veo porque son importantes para mí y siempre están presente, de igual manera en el mundo lésbico he descubierto muchas cosas que me gustan y no voy a disimularlo o a callarlo y mucho menos a dejarlo.
Por ahí incursionando en el mundo de Twitter me encontré que un TT de hace unos meses causó revuelo, me puse a leer y la verdad sí estan divertidas las ocurrencias de la gente, aquí les dejo los que me hicieron reir…
#SoyTanLesbiana que de pequeña no jugaba a las casitas… las construía.
#SoyTanLesbiana que mi madre dejó de darme el pecho a los 3 días después de ponerme una orden de alejamiento.
#SoyTanLesbiana que Yo hice lesbiana a Justin Bieber.
#SoyTanLesbiana Que cuando me sacan tortilla para cenar, me pongo roja.
#SoyTanLesbiana que cada dos meses conozco al amor de mi vida.
#SoyTanLesbiana que cuando alguien dice que un lugar hay muy buen ambiente me lo imagino repleto de tías buenas.
#SoyTanLesbiana que de pequeña me amenazaban con SACARME del internado para chicas.
#SoyTanLesbiana que rapé a mi barbie y le vendé las tetas.
#SoyTanLesbiana que respeto a las parejas hetero, pero de ahí a que adopten…
#SoyTanLesbiana que antes de meterme un tampax le invito a cenar…
#SoyTanLesbiana que no sé qué es eso de fingir un orgasmo.
#SoyTanLesbiana que puedo ir millones de veces a una tienda solo para ver a una chava que me gusta.
#SoyTanLesbiana que cuando salgo a la calle me cruzo la acera.
#Soytanlesbiana que lo único que me gustaba de mi primer novio era la hermana.
By Angie Blue
@_AngieBlue
¿Serán las 6 ó 7 de la mañana? pregunta ella, mientras recoge las piezas de su ropa regadas por la habitación.
Consulto el reloj para responder con la indiferencia típica de cada mañana en la que despierto sin tu olor.
Las 7.
Otra vez ha sido efímero el afán de saciar tu ausencia.
El frío endurece mi piel,
¿Estarás bañándote aún?
Escuchando a… Sabina, ¿tal vez?
¿Qué ropa usarás hoy?,
¿Tendrás gafas nuevas?
¿Viste el capítulo de House?
¿Piensas en mí?…
Su voz incómoda se despide y yo apenas puedo escucharla sobre las canciones que suenan con tu nombre,
3 años desde aquel suave roce que se extendió hasta amarte
3 años y aún regresa hasta mis labios aquel primer beso
¿Lo recuerdas?
¿Recuerdas la brisa fría?
¿Las estrellas?
¿La arena haciéndose camino entre las medias?
¿La travesura de escondernos debajo de las sábanas?
El futuro llama y yo estoy retrasada,
en busca de un motivo más para quebrar tu juicio,
en busca del brillo que ya no tienen tus ojos al mirarme,
y mientras,
el aire haciendo eco en el hueco de tu abrazo,
los lunares que vuelven a pertenecerme,
tú, desprendiendo el pétalo de sal,
vas al trabajo y sonríes sin mirar atrás,
El futuro llama amor, y yo seguiré retrasada,
esperando poder decirte:
¡Buenos días Princesa!
By Andrea García & Angie Blue
La noche era cada vez más lenta; hacía frío. Luna se escondía detrás de lúcidos nubarrones. Los aires decembrinos se sentían por doquier; niños jugando en la nieve, los caminos y las casas iluminadas cual pueblo de Dickens, parejas errantes con amplias sonrisas dibujadas en sus caras, almacenes caóticamente llenos como si el declive financiero fuera solo una clase universitaria de economía… La espera se volvía vesicante. En medio de ese cosmos de pasiones, difícilmente alguien notaría la presencia de la chica que caminaba una y otra vez alrededor de la pista de patinaje.
Pero a mí, como no tenía nada que hacer, me sobraba el tiempo para notarla, vestía un jersey negro con un dibujo de la Pantera Rosa de un rosado tan rosado que parecía la piel de sus mejillas, tuve la certeza de que era su color favorito. La bufanda y el gorro de estrellas me conmovieron como si al vestirlas le pertenecieran, como si hasta ellas le rindieran honor a su belleza, como si pudiera tomar una entre sus manos y alegrar un corazón triste.
Desde mi extremo, observaba cada detalle proveniente del más mínimo de sus movimientos, casi la sentía respirar, casi veía sus pensamientos escaparse en nubecitas hacia el inmenso exterior, casi sentía en mi piel la delicadeza con la que sus manos jugaban con aquel girasol arrugado. Malka, ese bien podía ser su nombre, lo decía el aura altruista que desprendía su cuerpo, las pausas orquestadas de sus pasos, el olor que me llegaba cuando se acercaba, olor del llano en un amanecer lluvioso, olor del mar en sus tardes de brisas, el olor de la ciudad en noches estrelladas.
En medio de la piel erizada por el frío, sentí el calor atravesar mi cuerpo cuando mi vista encontró su cuello mientras ella arreglaba su bufanda. Sonreí al ver la delicadeza con la que sus brillantes cabellos caían, imaginé la suavidad que podría sentir si mis dedos resbalaran entre sus hebras y cayeran hasta sus hombros, casi tan blancos como el hielo frente a ella, y ahí empezó la travesía, las posibles causas de la espera ya no eran de importancia, la intriga, la línea en el horizonte que representaba Malka eran ahora mi itinerario.
La ternura ciertamente era una de sus cualidades, se apreciaba en su carita pintada de desespero; en la nariz de personaje del siglo XVIII; en la boquita de fresa que se movía suavemente al ritmo de las letras de las canciones que escuchaba. Mientras mi escrutinio me deleitaba los sentidos, mi imaginación me traía recuerdos del futuro, yo le susurraba canciones al oído, le prometía magia y poesía y ella me regalaba 100 sonrisas por segundo, esa sonrisa de sol resplandeciente de verano; me miraba con sus ojos brillantes, enormes ecos de momentos en que me encontraba en sus brazos mariposeaban sin cesar. Me amaba. En un futuro posible ella me amaba.
El futuro se congeló. Su mirada atravesó la distancia, traspasó cuerpos y me encontró sentada y sonriente, desorientada en un mar de pensamientos banales, perdida sutil y perversamente en la belleza de su rostro. No había brillo en sus ojos por mirarme, pero su azul opacaba el azul del cielo y la tranquilidad que las nubes reflejan mientras dibujan imágenes en nuestra imaginación.
Pocos segundos bastaron para que su mirada se apartara de mí, buscando el deleite y entretención en aquella pareja con movimientos tan detalladamente ensayados que ofrecían un espectáculo gratuito a cambio de aplausos y halagos por su sorprendente actuación. Se quedó perpleja, aplaudía constantemente, la admiración en su rostro por las hazañas majestuosas del espectáculo dejaban al desnudo su gusto por el patinaje artístico; y entonces, la fantasía nuevamente tomó lugar. Ella vestía de princesa y bailaba en la pista al son de mi mirada. El suspiro y la sonrisa torpe hacían evidente lo más evidente: con cada segundo que pasara Malka sería más perfecta y sensaciones extrañas se abalanzaban sobre mi cuerpo negándome la oportunidad de no ser presa de su encanto, cayendo en el infortunio de ser un peón en sus jugadas.
En el nuevo horizonte, Malka iniciaba el viaje conmigo con la certeza de que aún quedaban muchas cosas por descubrir, iríamos a un lugar en el que mis ojos se perdieran en lo profundo de sus deseos, donde las mariposas reposaran sobre nuestras manos enlazadas; un lugar como el que se dibujaba en su ilusiones, donde el otoño cubriera nuestros pies, en el que todas mis historias fueran el único futuro posible.
Malka miró su reloj y caminó en dirección contraria a mí. Y me quedé allí, con el recuerdo en las manos de cómo acariciar su cuerpo, con el canto mudo de su voz orquestando mis ideas, maldecida con su imagen grabada en las pupilas, sin saber cómo desdibujar la fantasía… con tiempo de sobra para conquistarla.
La ley Sopa está al acecho
Protegiendo los derechos
De su amado copyright
Se mueven por interés
Ellos quieren que tú estés
Un pasito por detrás
Ellos quieren proteger
La propiedad intelectual
Pero quién me dice a mí
Que la intelectualidad
Está protegida con
Justin Bieber por ahí
Y digo eo, por qué no puedo
Cantarte I want to break free
Y digo eo, por qué no puedo
Cantarte ai si eu te pego…
Porque tiene copyright
Cerraron Megaupload
Todos sabemos que eso no es
Lo importante para ti
También cayó Megaporn
Y ahora estás de bajón
Se lo llevó el FBI
Ellos buscan censurar
No quieren colaborar
Su método es prohibir
A éste paso acabaremos
Luchando por los derechos
De respirar y existir
Y digo eo, por qué no puedo
Cantarte I want to break free
Y digo eo, por qué no puedo
Cantarte rabiosa…
Porque tiene copyright
De momento parece que se han calmado
Pero tranquilo que
Han sacado otra ley
Ésta ley se llama acta y es lo mismo
La cuestión es joder
Cuanto más mejor
Y digo eo, por qué no puedo
Cantarte I want to break free
Y digo eo, por qué no puedo
Cantarte un, dos, tres DALE! Ya tú sabeh…
Porque tiene copyright
Qué obsesión con el copyright
Como dice Iker Casillas
Vete de fiesta con el copyright
By Angie Blue
@_AngieBlue
Me bautizaron a los 16 meses de haber nacido, hice la primera comunión a los 8 años y me confirmé a los 15. Hasta entonces siempre hice lo que se suponía que debía hacer; mis padres desconfiaban claro (¿Qué habrán hecho en su adolescencia?), pero yo en general siempre me porté bien, me dejé controlar.
En la universidad ya no podían controlar mis horarios, mis salidas, mis amigos; conocí tanta gente diferente y empecé a ver el mundo desde mis propios matices y no como me lo habían enseñado. En ese momento entendí que mi fe no era sincera, sino impuesta; desde entonces he pasado por muchas fases y he aprendido a respetar las opiniones y creencias de los demás. Hay una frase de la película The Man From Earth que queda genial para lo que trato de decirles:
…I was raised on the Torah, my wife on the Qu’Ran, my eldest son is an Atheist, my youngest is a scientologist, my daughter is studying Hinduism, I imagine there is room there for a holy war in my living room, but we practice live and let live.
Por esto mismo trato de comprender la homofobia, en realidad mientras no cometas actos violentos hacia los demás estás en tu derecho de no aceptar algo; en una gran parte del mundo eres libre de pensar y expresar lo que quieras, pero seas religioso o no, la relación con los demás y el respeto, deberían ser un tema importante, el bien colectivo es un sentir humano no un concepto religioso.
Cuando una persona reconocida públicamente hace comentarios contra una minoría, le llega a toda esa gente que no ha empezado a pensar por sí misma y aumenta las posibilidades de agresión contra ella.
Si la iglesia católica, o cualquier otra, no quiere casar a personas del mismo sexo, está en todo su derecho, siempre han sido lentos en dejar atrás los prejuicios, pero que dejen ya de meterse en cuestiones políticas; si un Estado quiere aprobar el matrimonio homosexual es un reflejo de lo que la mayoría del pueblo quiere y eso es más importante. Con sus comentarios, el Papa no solo atenta contra la comunidad LGBT sino contra la democracia y la libertad del ser humano.
¿En serio no se cansan de decirnos a quién podemos amar y a quién no? ¿Qué podemos hacer y qué no? ¿Por qué necesitan controlar todo? ¿No ha habido ya suficiente crueldad en el mundo por la incomprensión y las diferencias ideológicas? ¿Acaso los dioses necesitan más sacrificios?
Yo amo a una mujer, amo su bondad, su inteligencia, su sarcasmo, sus ideas, su diferencia, su independencia y sí, también amo y deseo su cuerpo. Saber que ella existe hace que vivir sea una experiencia aún más extraordinaria. Pensarla me alegra el día; si pudiera, estaría a su lado, entregándole todo lo que soy y tratando de ser cada vez mejor, mejor compañera, mejor hija, mejor amiga, mejor profesional… mejor persona. Explíquenme por favor, grandes eminencias religiosas, ¿cómo eso es malo?
Las tendencias homofóbicas no son un pecado, pero sus actos homofóbicos sí lo son.
By Clarice Lispector
Ella era gorda, baja, pecosa y de pelo excesivamente crespo, medio amarillento. Tenía un busto enorme, mientras que todas nosotras todavía eramos chatas. Como si no fuese suficiente, por encima del pecho se llenaba de caramelos los dos bolsillos de la blusa. Pero poseía lo que a cualquier niña devoradora de historietas le habría gustado tener: un padre dueño de una librería.
No lo aprovechaba mucho. Y nosotras todavía menos: incluso para los cumpleaños, en vez de un librito barato por lo menos, nos entregaba una postal de la tienda del padre. Encima siempre era un paisaje de Recife, la ciudad donde vivíamos, con sus puentes más que vistos.
Detrás escribía con letra elaboradísima palabras como “fecha natalicio” y “recuerdos”. Leer el resto de esta entrada »
“Es más fácil desintegrar un átomo que un prejuicio”. Albert Einstein
By Marcelo Colussi
Las uniones matrimoniales entre personas homosexuales (varones y mujeres), lenta pero ininterrumpidamente, comienzan a ser legalizadas por distintos Estados. No son casos puntuales sino que parecieran marcar una tendencia, lo cual habla entonces de un cambio sociocultural en ciernes, cambio del que no sabemos aún su magnitud ni sus consecuencias.
Si bien la legalización de los matrimonios homosexuales es algo muy reciente, la homosexualidad no es nada nuevo en la historia. La constitución misma del sujeto humano abre esa posibilidad en el ejercicio de su sexualidad, junto a otras. En realidad la especie humana es un abanico casi infinito de posibilidades, en el sentido más amplio, pero cada individuo particular no es infinitamente creativo y amplio. Por el contrario, nuestras posibilidades como sujeto están más o menos acotadas, limitadas. Más aún –y tal como enseña el psicoanálisis– la repetición signa nuestras historias. Pasamos la vida repitiendo (modelos, mitos, valores, ideología), y es muy difícil romper los ciclos que nos anteceden y constituyen. De ahí el surgimiento de los prejuicios, que no son sino las matrices que nos constriñen a seguir repitiendo “lo que debe ser”, lo que se supone ha sido, es y, por tanto, deberá seguir siendo. Claro que, en medio de esa dialéctica, también se abre la posibilidad de la transformación. Leer el resto de esta entrada »
By @Kepaty
En este momento quisiera que el fin de año me librara de todos los vicios, de todo lo malo, de todo lo feo… como mucha gente cree. Quiero creer que mañana voy a dejar de chuparme el dedo, y de paso dejar de arruinar el resultado de mi ortodoncia, que voy a dejar de comer compulsivamente, que voy a hacer ejercicio, que voy a ayudar a más gente, que voy a dejar mi terrible mal genio, que voy a dejar de decir obscenidades, que voy a escribir más a menudo, que voy a leer más, que voy a interesarme más por las películas raras y dejar de lado todas esas comedias románticas que retratan mujeres fracasadas, que voy a ir a esa academia de baile y voy a tomar esas clases de manualidades.
Sí, quiero firmemente creer eso porque lo necesito. Necesito sentir que sí tengo remedio y que las cosas que quiero están a mi alcance. Quiero que me pasen cosas buenas sin pagar por ello, sin esforzarme, como le pasa a muchos; quiero tranquilidad para mí y los que quiero; quiero más tardes de brisa y de helados; quiero asombrarme cada día con la belleza de la música; quiero dejar de ir a trabajar en tacones y que mi jefa no me mire como mierda por ello; pero mejor aún quiero un trabajo que ame y por el que sienta que vale la pena consagrarle mis años.
Quiero reparar todos los daños de mi corazón; tener esa conversación inconclusa con quienes hace falta y que sepan que me lastimaron, pero que a pesar de eso voy a estar bien; quiero volver a creer en Dios para sentirme acompañada y que no tengo que cuidarme sola; quiero que valga la pena quedarme despierta hasta la media noche y abrazarlos a todos; quiero reunir la fuerza para tener un hijo sin sentir que eso me va a pesar el resto de mi vida.
Quiero que las cosas que me hacen sufrir se vayan; quiero tener un corazón libre; quiero que todos tengamos una vida digna; quiero que Uribe pague por todas las muertes que ha causado y quiero aprender a bailar como Shakira.
Feliz año nuevo!!!
By Angie Blue
(@_AngieBlue)
Tristeza tiene nombre, apellido y gafas
sonríe desde la cara oculta de la luna,
su sonido retumba en el espacio grisáceo;
es amiga de la locura y carcelera de los deseos.
tiene manos impotentes
Y cabellos suaves, largos y finos
que danzan al son de este taciturno anochecer.
Tristeza trae recuerdos del futuro que se desvanece
y aroma de caricias que ya no arribarán;
toma chocolate con el tembloroso manto de la noche
Y con cada sorbo borra las memorias compartidas,
los orgasmos del insomnio, los besos repartidos.
Camina al calor del idealismo robado,
E ilumina el sendero con el resplandor de las gotas de
mentiras derretidas en mis mejillas.
Tristeza escribe canciones de amores fallidos,
de caminos desolados, de distancias interminables
usa corbata de enredaderas espinosas
y un sombrero con los cuentos extraviados y las historias olvidadas.
El cielo esparce sus nubes juguetonas,
pero Tristeza envidiosa encierra las pausas y las estrellas;
acalla el sonido lejano del tranvía de las sonrisas.
Media yo se arrastra hasta la cama;
ansiosa, temerosa, doblegada.
Apago la tv.
Dormir… tal vez soñar.
Le oí este cuento a Auggie Wren.
Dado que Auggie no queda demasiado bien en él, por lo menos no todo lo bien que a él le habría gustado, me pidió que no utilizara su verdadero nombre. Aparte de eso, toda la historia de la cartera perdida, la anciana ciega y la comida de Navidad es exactamente como él me la contó.
Auggie y yo nos conocemos desde hace casi once años.
Él trabaja detrás del mostrador de un estanco en la calle Court, en el centro de Brooklyn, y como es el único estanco que tiene los puritos holandeses que a mí me gusta fumar, entro allí bastante a menudo. Durante mucho tiempo apenas pensé en Auggie Wren. Era el extraño hombrecito que llevaba una sudadera azul con capucha y me vendía puros y revistas, el personaje pícaro y chistoso que siempre tenía algo gracioso que decir acerca del tiempo, de los Mets o de los políticos de Washington, y nada más.
Pero luego, un día, hace varios años, él estaba leyendo una revista en la tienda cuando casualmente tropezó con la reseña de un libro mío. Supo que era yo porque la reseña iba acompañada de una fotografía, y a partir de entonces las cosas cambiaron entre nosotros. Yo ya no era simplemente un cliente más para Auggie, me había convertido en una persona distinguida. A la mayoría de la gente le importan un comino los libros y los escritores, pero resultó que Auggie se consideraba un artista. Ahora que había descubierto el secreto de quién era yo, me adoptó como a un aliado, un confidente, un camarada. A decir verdad, a mí me resultaba bastante embarazoso. Luego, casi inevitablemente, llegó el momento en que me preguntó si estaría yo dispuesto a ver sus fotografías. Dado su entusiasmo y buena voluntad, no parecía que hubiera manera de rechazarle.
Dios sabe qué esperaba yo. Como mínimo, no era lo que Auggie me enseñó al día siguiente. En una pequeña trastienda sin ventanas abrió una caja de cartón y sacó doce álbumes de fotos negros e idénticos. Dijo que aquélla era la obra de su vida, y no tardaba más de cinco minutos al día en hacerla. Todas las mañanas durante los últimos doce años se había detenido en la esquina de la Avenida Atlantic y la calle Clinton exactamente a las siete y había hecho una sola fotografía en color de exactamente la misma vista. El proyecto ascendía ya a más de cuatro mil fotografías. Cada álbum representaba un año diferente y todas las fotografías estaban dispuestas en secuencia, desde el 1 de enero hasta el 31 de diciembre, con las fechas cuidadosamente anotadas debajo de cada una.
Mientras hojeaba los álbumes y empezaba a estudiar la obra de Auggie, no sabía qué pensar. Mi primera impresión fue que se trataba de la cosa más extraña y desconcertante que había visto nunca. Todas las fotografías eran iguales. Todo el proyecto era un curioso ataque de repetición que te dejaba aturdido, la misma calle y los mismos edificios una y otra vez, un implacable delirio de imágenes redundantes. No se me ocurría qué podía decirle a Auggie; así que continué pasando las páginas, asintiendo con la cabeza con fingida apreciación. Auggie parecía sereno, mientras me miraba con una amplia sonrisa en la cara, pero cuando yo llevaba ya varios minutos observando las fotografías, de repente me interrumpió y me dijo:
- Vas demasiado deprisa. Nunca lo entenderás si no vas más despacio.
Tenía razón, por supuesto. Si no te tomas tiempo para mirar, nunca conseguirás ver nada. Cogí otro álbum y me obligué a ir más pausadamente. Presté más atención a los detalles, me fijé en los cambios en las condiciones meteorológicas, observé las variaciones en el ángulo de la luz a medida que avanzaban las estaciones. Finalmente pude detectar sutiles diferencias en el flujo del tráfico, prever el ritmo de los diferentes días (la actividad de las mañanas laborables, la relativa tranquilidad de los fines de semana, el contraste entre los sábados y los domingos). Y luego, poco a poco, empecé a reconocer las caras de la gente en segundo plano, los transeúntes camino de su trabajo, las mismas personas en el mismo lugar todas las mañanas, viviendo un instante de sus vidas en el objetivo de la cámara de Auggie.
Una vez que llegué a conocerles, empecé a estudiar sus posturas, la diferencia en su porte de una mañana a la siguiente, tratando de descubrir sus estados de ánimo por estos indicios superficiales, como si pudiera imaginar historias para ellos, como si pudiera penetrar en los invisibles dramas encerrados dentro de sus cuerpos. Cogí otro álbum. Ya no estaba aburrido ni desconcertado como al principio. Me di cuenta de que Auggie estaba fotografiando el tiempo, el tiempo natural y el tiempo humano, y lo hacía plantándose en una minúscula esquina del mundo y deseando que fuera suya, montando guardia en el espacio que había elegido para sí Mirándome mientras yo examinaba su trabajo, Auggie continuaba sonriendo con gusto. Luego, casi como si hubiera estado leyendo mis pensamientos, empezó a recitar un verso de Shakespeare.
- Mañana y mañana y mañana – murmuró entre dientes -, el tiempo avanza con pasos menudos y cautelosos.
Comprendí entonces que sabía exactamente lo que estaba haciendo.
Eso fue hace más de dos mil fotografías. Desde ese día Auggie y yo hemos comentado su obra muchas veces, pero hasta la semana pasada no me enteré de cómo había adquirido su cámara y empezado a hacer fotos. Ése era el tema de la historia que me contó, y todavía estoy esforzándome por entenderla.
A principios de esa misma semana me había llamado un hombre del New York Times y me había preguntado si querría escribir un cuento que aparecería en el periódico el día de Navidad. Mi primer impulso fue decir que no, pero el hombre era muy persuasivo y amable, y al final de la conversación le dije que lo intentaría. En cuanto colgué el teléfono, sin embargo, caí en un profundo pánico. ¿Qué sabía yo sobre la Navidad?, me pregunté. ¿Qué sabía yo de escribir cuentos por encargo?
Pasé los siguientes días desesperado; guerreando con los fantasmas de Dickens, O. Henry y otros maestros del espíritu de la Natividad. Las propias palabras “cuento de Navidad” tenían desagradables connotaciones para mí, en su evocación de espantosas efusiones de hipócrita sensiblería y melaza. Ni siquiera los mejores cuentos de Navidad eran otra cosa que sueños de deseos, cuentos de hadas para adultos, y por nada del mundo me permitiría escribir algo así.
Sin embargo, ¿cómo podía nadie proponerse escribir un cuento de Navidad que no fuera sentimental? Era una contradicción en los términos, una imposibilidad, una paradoja. Sería como tratar de imaginar un caballo de carreras sin patas o un gorrión sin alas.
No conseguía nada. El jueves salí a dar un largo paseo, confiando en que el aire me despejaría la cabeza. Justo después del mediodía entré en el estanco para reponer mis existencias, y allí estaba Auggie, de pie detrás del mostrador, como siempre. Me preguntó cómo estaba. Sin proponérmelo realmente, me encontré descargando mis preocupaciones sobre él.
- ¿Un cuento de Navidad? – dijo él cuando yo hube terminado. ¿Sólo es eso?
Si me invitas a comer, amigo mío, te contaré el mejor cuento de Navidad que hayas oído nunca. Y te garantizo que hasta la última palabra es verdad.
Fuimos a Jack’s, un restaurante angosto y ruidoso que tiene buenos sandwiches de pastrami y fotografías de antiguos equipos de los Dodgers colgadas de las paredes. Encontramos una mesa al fondo, pedimos nuestro almuerzo y luego Auggie se lanzó a contarme su historia.
- Fue en el verano del setenta y dos – dijo. Una mañana entró un chico y empezó a robar cosas de la tienda. Tendría unos diecinueve o veinte años, y creo que no he visto en mi vida un ratero de tiendas más patético. Estaba de pie al lado del expositor de periódicos de la pared del fondo, metiéndose libros en los bolsillos del impermeable. Había mucha gente junto al mostrador en aquel momento, así que al principio no le vi. Pero cuando me di cuenta de lo que estaba haciendo, empecé a gritar. Echó a correr como una liebre, y cuando yo conseguí salir de detrás del mostrador, él ya iba como una exhalación por la avenida Atlantic. Le perseguí más o menos media manzana, y luego renuncié. Se le había caído algo, y como yo no tenía ganas de seguir corriendo me agaché para ver lo que era.
Resultó que era su cartera. No había nada de dinero, pero sí su carnet de conducir junto con tres o cuatro fotografías. Supongo que podría haber llamado a la poli para que le arrestara. Tenía su nombre y dirección en el carnet, pero me dio pena. No era más que un pobre desgraciado, y cuando miré las fotos que llevaba en la cartera, no fui capaz de enfadarme con él. Robert Goodwin. Así se llamaba. Recuerdo que en una de las fotos estaba de pie rodeando con el brazo a su madre o abuela. En otra estaba sentado a los nueve o diez años vestido con un uniforme de béisbol y con una gran sonrisa en la cara. No tuve valor. Me figuré que probablemente era drogadicto. Un pobre chaval de Brooklyn sin mucha suerte, y, además, ¿qué importaban un par de libros de bolsillo? Así que me quedé con la cartera. De vez en cuando sentía el impulso de devolvérsela, pero lo posponía una y otra vez y nunca hacía nada al respecto. Luego llega la Navidad y yo me encuentro sin nada que hacer. Generalmente el jefe me invita a pasar el día en su casa, pero ese año él y su familia estaban en Florida visitando a unos parientes. Así que estoy sentado en mi piso esa mañana compadeciéndome un poco de mí mismo, y entonces veo la cartera de Robert Goodwin sobre un estante de la cocina. Pienso qué diablos, por qué no hacer algo bueno por una vez, así que me pongo el abrigo y salgo para devolver la cartera personalmente.
La dirección estaba en Boerum Hill, en las casas subvencionadas. Aquel día helaba, y recuerdo que me perdí varias veces tratando de encontrar el edificio. Allí todo parece igual, y recorres una y otra vez la misma calle pensando que estás en otro sitio. Finalmente encuentro el apartamento que busco y llamo al timbre. No pasa nada. Deduzco que no hay nadie, pero lo intento otra vez para asegurarme. Espero un poco más y, justo cuando estoy a punto de marcharme, oigo que alguien viene hacia la puerta arrastrando los pies. Una voz de vieja pregunta quién es, y yo contesto que estoy buscando a Robert Goodwin.
- ¿Eres tú, Robert? – dice la vieja, y luego descorre unos quince cerrojos y abre la puerta.
Debe tener por lo menos ochenta años, quizá noventa, y lo primero que noto es que es ciega.
- Sabía que vendrías, Robert – dice -. Sabía que no te olvidarías de tu abuela Ethel en Navidad.
Y luego abre los brazos como si estuviera a punto de abrazarme.
Yo no tenía mucho tiempo para pensar, ¿comprendes? Tenía que decir algo deprisa y corriendo, y antes de que pudiera darme cuenta de lo que estaba ocurriendo, oí que las palabras salían de mi boca.
- Está bien, abuela Ethel – dije.- He vuelto para verte el día de Navidad.
No me preguntes por qué lo hice. No tengo ni idea. Puede que no quisiera decepcionarla o algo así, no lo sé. Simplemente salió así y de pronto, aquella anciana me abrazaba delante de la puerta y yo la abrazaba a ella. No llegué a decirle que era su nieto. No exactamente, por lo menos, pero eso era lo que parecía. Sin embargo, no estaba intentando engañarla. Era como un juego que los dos habíamos decidido jugar, sin tener que discutir las reglas. Quiero decir que aquella mujer sabía que yo no era su nieto Robert. Estaba vieja y chocha, pero no tanto como para no notar la diferencia entre un extraño y su propio nieto. Pero la hacía feliz fingir, y puesto que yo no tenía nada mejor que hacer, me alegré de seguirle la corriente.
Así que entramos en el apartamento y pasamos el día juntos. Aquello era un verdadero basurero, podría añadir, pero ¿qué otra cosa se puede esperar de una ciega que se ocupa ella misma de la casa? Cada vez que me preguntaba cómo estaba yo le mentía. Le dije que había encontrado un buen trabajo en un estanco, le dije que estaba a punto de casarme, le conté cien cuentos chinos, y ella hizo como que se los creía todos.
- Eso es estupendo, Robert – decía, asintiendo con la cabeza y sonriendo.Siempre supe que las cosas te saldrían bien.
Al cabo de un rato, empecé a tener hambre. No parecía haber mucha comida en la casa, así que me fui a una tienda del barrio y llevé un montón de cosas. Un pollo precocinado, sopa de verduras, un recipiente de ensalada de patatas, pastel de chocolate, toda clase de cosas.
Ethel tenía un par de botellas de vino guardadas en su dormitorio, así que entre los dos conseguimos preparar una comida de Navidad bastante decente. Recuerdo que los dos nos pusimos un poco alegres con el vino, y cuando terminamos de comer fuimos a sentarnos en el cuarto de estar, donde las butacas eran más cómodas. Yo tenía que hacer pis, así que me disculpé y fui al cuarto de baño que había en el pasillo. Fue entonces cuando las cosas dieron otro giro. Ya era bastante disparatado que hiciera el numerito de ser el nieto de Ethel, pero lo que hice luego fue una verdadera locura, y nunca me he perdonado por ello.
Entro en el cuarto de baño y, apiladas contra la pared al lado de la ducha, veo un montón de seis o siete cámaras. De treinta y cinco milímetros, completamente nuevas, aún en sus cajas, mercancía de primera calidad. Deduzco que eso es obra del verdadero Robert, un sitio donde almacenar botín reciente. Yo no había hecho una foto en mi vida, y ciertamente nunca había robado nada, pero en cuanto veo esas cámaras en el cuarto de baño, decido que quiero una para mí. Así de sencillo. Y, sin pararme a pensarlo, me meto una de las cajas bajo el brazo y vuelvo al cuarto de estar.
No debí ausentarme más de unos minutos, pero en ese tiempo la abuela Ethel se había quedado dormida en su butaca. Demasiado Chianti, supongo. Entré en la cocina para fregar los platos y ella siguió durmiendo a pesar del ruido, roncando como un bebé. No parecía lógico molestarla, así que decidí marcharme. Ni siquiera podía escribirle una nota de despedida, puesto que era ciega y todo eso, así que simplemente me fui. Dejé la cartera de su nieto en la mesa, cogí la cámara otra vez y salí del apartamento. Y ése es el final de la historia.
- ¿Volviste alguna vez? – le pregunté.
- Una sola – contestó. Unos tres o cuatro meses después. Me sentía tan mal por haber robado la cámara que ni siquiera la había usado aún. Finalmente tomé la decisión de devolverla, pero la abuela Ethel ya no estaba allí. No sé qué le había pasado, pero en el apartamento vivía otra persona y no sabía decirme dónde estaba ella.
- Probablemente había muerto.
- Sí, probablemente.
- Lo cual quiere decir que pasó su última Navidad contigo.
- Supongo que sí. Nunca se me había ocurrido pensarlo.
- Fue una buena obra, Auggie. Hiciste algo muy bonito por ella.
- Le mentí y luego le robé. No veo cómo puedes llamarle a eso una buena obra.
- La hiciste feliz.Y además la cámara era robada. No es como si la persona a quien se la quitaste fuese su verdadero propietario.
- Todo por el arte, ¿eh, Paul?
- Yo no diría eso. Pero por lo menos le has dado un buen uso a la cámara.
- Y ahora tienes un cuento de Navidad, ¿no?
- Sí – dije -. Supongo que sí.
Hice una pausa durante un momento, mirando a Auggie mientras una sonrisa malévola se extendía por su cara.
Yo no podía estar seguro, pero la expresión de sus ojos en aquel momento era tan misteriosa, tan llena del resplandor de algún placer interior, que repentinamente se me ocurrió que se había inventado toda la historia. Estuve a punto de preguntarle si se había quedado conmigo, pero luego comprendí que nunca me lo diría. Me había embaucado, y eso era lo único que importaba. Mientras haya una persona que se la crea, no hay ninguna historia que no pueda ser verdad.
- Eres un as, Auggie – dije.
- Gracias por ayudarme.
- Siempre que quieras – contestó él, mirándome aún con aquella luz maníaca en los ojos.
Después de todo, si no puedes compartir tus secretos con los amigos, ¿qué clase de amigo eres?
- Supongo que estoy en deuda contigo.
- No, no. Simplemente escríbela como yo te la he contado y no me deberás nada.
- Excepto el almuerzo.
- Eso es. Excepto el almuerzo.
Devolví la sonrisa de Auggie con otra mía y luego llamé al camarero y pedí la cuenta.










































